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jueves, 23 de abril de 2015

YAL-1

Esta cita es de uno de los artículos compilados en Noise & Capitalism, un libro publicado en el 2009: “Yo estaba empezando a tocar Country & Western, y ese era un horrible error en Nueva York a principios de los 80. Había un público en Nueva York que se sentaba a oír cualquier música rara improvisada, y ellos siempre hablaban de incidentes donde ‘Bueno, este tipo entró y se disgustó oyendo esta música, salió corriendo con sus manos en sus oídos, jajaja’. ¡Pero ellos mismos reaccionaban así a la música country! Si usted tocaba una canción de Hank Williams, ellos actuaban como si uno estuviera haciendo algo desagradable. Eso era realmente interesante -¿por qué están tan disgustados con esta clase de música?”

Un compa me decía: “¿Qué podía ser más experimental para Animal Collective que empezar a hacer “techno-pop” en Merriweather Post Pavilion?”, y es cierto; ¿no era algo totalmente nuevo para ellos? ¿Acaso habían hecho alguna vez algo tan tradicional, común y reiterativo? ¿No era una ruptura radical con las tradiciones del experimentalismo? Uno escucha cada vez más personas retando a los despichines expresando su gusto por la cultura “pop”, recordándoles lo parecidos que están sonando a Stalin; es como una vuelta de tuercas que ya antes también ha obviado el punto, sin dejar de ser, en otra dirección, un cuestionamiento necesario.

Y es que las subversiones son susceptibles de repetirse como cualquier costumbre. Si a usted le gusta subvertir, tranquilidad, eso solo hace que las posibilidades sean infinitas (sin fin último, permanentes...), pero eso no cambia que las tradiciones tengan el valor de una comida favorita o de una curación vieja y efectiva, y por eso para no-cambiar también hay todo un gusto (que lo diga este siglo tan poco nuevo).

No nos engañemos. El gusto más tradicionalista tiene toda la chispa de una decisión plenamente consciente, por más que los eclécticos, los bohemios o los ortodoxos de lo “heterodoxo” no lo quieran. El gusto conservador por la cultura masiva no es una inconsciencia, un no-gusto o una máquina, es una decisión tan decisiva y cortante como la decisión de alterar órdenes. Limita y excluye, pero de la misma forma en que los “vanguardismos” excluyen para ser no-tradicionales; contra lo que cualquier vanguardismo choca es una enajenación, sí, pero eso no lo hace una indecisión; hablar de “definirse por su opuesto” o “por la negación de su otro” no es verdadero solo para los radicalismos. ¿Desde cuando la “industria cultural” o la enajenación no es defendida y deseada por alguien?

La cultura de “masas” no es una cosa fija; tiene el germen de la evolución, un repertorio que no son necesariamente sólo reciclajes “retro” (“post-punk”, “neo-soul”, “garage”, “dance”), pero con la condición, eso sí, de mantener un límite obediente y domesticado; histeria típica de romántico, no de cínico. Del otro lado de ese límite es desde donde las distintas transformaciones “vanguardistas” hacen su propia exclusión: prohibiendo prohibir, arte contra arte, sigue siendo prohibición, dogma (linda, Von Trier).

Tampoco creamos que esta marginación es solo una queja, porque es lo que lo hace liberador y realmente diferente. Hay otro tipo de músicas que ni siquiera tienen que ser experimentales para estar en esa posición, a veces porque su marginalización es solo reciente o porque sus diferencias bien podrían funcionar dentro de la cultura de oficio (música antigua como la “música clásica”, o música folclórica de todo tipo de regiones, con jerarquías incluso entre distintos folclores, etc). El movimiento de “noise”, como un ejemplo entre varios (porque hay minimalismo, “free-jazz,” “glitch”, “8-bit”, etc), es no solo colectivo, sino popular; se compone de toda una comunidad, un circuito y una contra-estructura de facto, institucionalizada fuera de la oficialidad, con algunas intercalaciones con el comercialismo que no hacen más que reforzar las diferencias tajantes entre este último y los músicos de trabajos “regulares” o desempleados que inundan blogs y foros, pero definitivamente no televisores ni radios.


Es la marginalización de una sub-cultura, sí, pero es una sub-cultura de masiva; igual que la cultura que llamamos “masiva” es una cultura elegida y distribuida por una élite ultra-minoritaria. Aún si el experimentalismo tuviera los mismos espacios que tiene ahora algo como el “indie rock”, eso no implica que tenga que gustar solo por ser diferente, o que el “pop” sea “malo” por ser “pop”, y no por ser tan obsesivamente hegemónico; no significa que cuando un “heterodoxo” mire a los ojos de un “enajenado” no tenga un par de ojos viéndolo de vuelta.

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