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jueves, 23 de abril de 2015

En C

Lester Bangs comparaba el “no wave” con el free jazz, y yo creo que lo hacía porque los dos son como un nerd: raro entre los raros, el inadaptado que ni los inadaptados aceptan, no quiere nada que ver con clichés, ni siquiera con el de ser “nerd”. Uno de esos maes que se distancian, no por escapismo, sino para explotar algo (a veces literalmente) desde otra perspectiva.

Y así como esos viejos cantantes de blues que apenas si se sabe que existieron, que se apartaron hasta el río Delta, se encontraron al diablo, se perdieron a sí mismos y encontraron el blues (o se apartaron al laboratorio de Radiodifusión Francesa, se encontraron a Nicola Tesla, se perdieron a sí mismos y encontraron la música concreta), el movimiento “no wave” tuvo su propio encuentro con el diablo y también pagó su precio: sí formó un movimiento.

Thurston Moore, de Sonic Youth, ha comparado la Nueva Yorkde ahora con esas épocas en que dejaba a Glenn Branca para armar Sonic Youth; el año pasado salieron más libros sobre el movimiento “no wave” que en los 30 años desde que apareció; y hasta Teenage Jesus & The Jerks y The Contortions se volvieron a juntar. Lester Bangs jamás habría soñado con que habría un festival anual como el No Fun Fest, donde la gente se reuniría a tocar y oír música salida del Metal Machine Music de Lou Reed o del Trout Mask Replica de Captain Beefheart.

En sus épocas, la atención (es decir, la difusión) estaba centrada en el “new wave” y CBGB’s, mientras el “noise” no tenía un lugar semi-decente donde quedarse a dormir. Pero el No Fun Fest 2009 casi reunió a Blank Dogs (que es más cercano a Joy Division que mil millones de Interpol) y a Merzbow (lo más cercano a Merzbow desde Merzbow). Eso significa que, en una vuelta inédita del destino, las variantes que han girado en torno al ruido (no como adorno o estilo solamente) tienen por fin algo así como su propio CBGB’s. Y esa es una clase de triunfo particularmente maldito.

No ha sido agradable ver en estos días al “shitgaze” (o “no fi”, o como sea) prostituido hasta el punto de dejar de ser el chiste negro que siempre ha sido: ahora se trata de adornar canciones con ruido, cuando siempre fue al revés. Efectivamente, muchos suenan exactamente igual al Metal Machine Music, y no es automáticamente bueno por eso.

Lester Bangs sabía las paradojas de seguir una tendencia (es el mecanismo de la enajenación), y aunque reconocía que el experimentalismo estaba mucho más cerca de romper con un puritanismo tan real como un patrón de radioemisora o de canal de televisión, siempre se quejó de la “solemnidad opresora” que había en mucho de ese experimentalismo. Por eso nunca dejó tampoco de apreciar las tradiciones más tecnificadas que sí lograran tocar algún nervio. En pocas palabras, nunca dejó de odiar a Siouxie and the Banshees y nunca dejó de alabar a Jimi Hendrix. La línea estaba más allá de formalismos o técnicas: se trataba de lo que cualquiera de esas músicas “dijeran”.

Siempre se dice que los movimientos de vanguardia son snob, pero es importante recordar que así como los puristas del jazz detestaban el rhythm & blues de Chuck Berry por ser muy “pop”-básico, así también detestaban a cada gran vanguardista del jazz por no estar domesticado en los clichés de sus respectivos momentos. Le pasó a Charlie Parker, a Miles Davis, a John Coltrane, y definitivamente a ningún jazz le pasó tanto como al free jazz, la forma de música más incivilizada que se había creado desde los sonidos de laboratorio de la música concreta.

Creo que la mejor forma de explicarlo es cuando The Velvet Underground llegó a California a finales de los años 60, en medio de la contracultura hippie. Lou Reed y su banda eran parte de lo contracultura, pero no pudieron soportar a los hippies hablando de flores y arco iris en medio de las masacres de la post-guerra. Es decir, no se dejaron ir ni por la contracultura misma. Su forma para distanciarse del romanticismo fue grabando vidrios rotos y letras de amor a la heroína; no porque fuera bueno o malo, sino porque era lo que vivían.


No tuvo nada que ver con inventar otros mundos (pues eso era precisamente lo que estaban haciendo los hippies), sino de confrontar los otros mundos que se asoman en el mundo, por más feos e irracionales que fueran. Desde la musicología siempre dicen y dicen que estas músicas son las más abstractas, pero esto no tiene nada que ver con un escape; es un callejón sin salida.

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