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jueves, 23 de abril de 2015

Según Gang Gang Dance

Estaba leyendo una entrevista a los neoyorquinos de Gang Gang Dance donde mencionan que ahora “todos suenan a Animal Collective”. Esto quiere decir, según ellos, que mucha gente está tomando muchas influencias distintas, ya sean africanas, americanas o europeas; del rock, de la electrónica o del jazz; pero además de servir de gusto personal, están incorporándolas en sus trabajos.

Es una distinción interesante para alguien que forma parte de la que es posiblemente la escena experimental más importante ahora (la escena “noise” de Nueva York): no solo hablan del ruido en el sentido de un sonido que se considera sonoramente feo o molesto, sino además de una experimentación que se basa en la mezcla de música en principio inofensiva o “bella” (o digamos, melodiosa y armónica en el sentido clásico), pero que puesta la una contra la otra resulta cacofónica.

La mezcla de estilos ya no quiere decir solamente mezclar de manera imperceptible, gradual o suave, sino contraponer de forma abierta y evidente. No se trata, por ejemplo, de mezclar un poco de soul y un poco de jazz para llegar al funk, en una forma donde los límites del uno y el otro se confundan. Se trata más bien de chocar dos estructuras distintas de soul y jazz sin disimularlo, atenuarlo ni confundirlo de ninguna manera. El objetivo de saturar y multiplicar es el mismo (que es, precisamente, la definición básica del ruido), pero con mucho más cinismo.

Cuando leí a Gang Gang Dance diciendo eso, sentí que no es nada del otro mundo. Me acordé de John Zorn, Boredoms, Mr. Bungle y Panda Bear (y recientemente Carl Stalling). Todos ellos no han hecho solo “ruido”, pero tampoco han hecho solo una “fusión”; no amoldan su bossanova a su metal o su música electrónica a su reggae y viceversa, aunque sí están sonando juntos; y esto porque no solo chocan entre sí estilos, sino estructuras y composiciones contrarias y completas.

En El Arte de los Ruidos, de 1913, el futurista Luigi Russolo plantea cómo a partir del renacimiento la música empieza a complicar los acordes, a usar más disonancia a la par de la consonancia, y cómo el uso de disonancia aumenta a medida que avanza la revolución industrial. Hace un paralelo entre la multiplicación de formas sonoras y la ruptura de la revolución industrial, y es que efectivamente la aparición de la imprenta (el inicio real de la revolución industrial) permitió que la notación y las partituras escritas se difundieran masiva y popularmente, lo que en el análisis de cualquier medio de producción musical (y general) siempre abre esa posibilidad de diferencias.

La masificación y la socialización de la producción, en el sentido general, implica que la producción cultural misma se popularice. Es el proceso que ha estado en medio de todas las disoluciones de fronteras entre la música académica (o “artística”) y la música popular (o “folclórica”), y por supuesto que en toda la creación de nueva música, movimientos, etc. Porque la masificación multiplica no solo las diferencias, sino también los clichés, y cuando los clichés abundan, ahí es donde para alguien (nunca es para todos) lo más difundido como “bello” termina por aburrir y lo “feo” empieza a ser atrayente.

No es algo automático ni “estructural”. En 1910, la industria era hegemónicamente impresa y el 75% de la música vendida era música clásica. La radio y el fonógrafo cambiaron este panorama, pero no solo porque la radio o el fonógrafo aparecen, la música popular cambia automáticamente de “clásica” a “popular”. No fue solamente que la radio y el fonógrafo tiraban por la borda la economía y la cultura impresa, sino que tirar por la borda la economía y la cultura impresa implicaba el que otros grupos sociales formaran parte activa de la producción cultural (en este caso, por ejemplo, Warner Brothers decidehacer The Jazz Singer y no The Opera Singer).

Así es como explican su situación los de Gang Gang Dance: “El rock ‘n roll ha venido pasando por tanto tiempo. Se siente bien verlo ir.” Dicen que no es que no les guste el rock, sino que les aburre escucharlo tantas veces y durante tanto tiempo en tantos lugares. No quieren que desaparezca, nada más quieren que haya opciones. Por eso, el que se contradiga con más fuerza lo pasado no está para nada lejos del hecho de que Gang Gang Dance diga lo que diga; del hecho de que Gang Gang Dance tenga la posibilidad misma de estar en una escena donde sea posible decirlo; y donde por supuesto nosotros podamos llegar a conocer lo que un trío de neoyorquinos que hacen ruidos tienen que decir sobre eso.



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