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jueves, 23 de abril de 2015

Cara del Ché

Hace poco pitchfork.com publicó un artículo sobre Sonic Youth: Bad Moon Rising: The Practical Lessons of Sonic Youth (Las lecciones prácticas de Sonic Youth), y plantea cómo la larga carrera de Sonic Youth borra las nociones de algo así como culturas altas y bajas, “mainstream” y “underground”, etc.

Más allá plantea que se vuelven borrosas porque solo vienen de cierta pose “ideológica” y “purista” de la música independiente (del músico y productor Steve Albini, por ejemplo, con quien polemiza el artículo por su desprecio vomitivo a las grandes disqueras), en oposición (según el autor) a un empirismo no-ideológico y neutral (sin pose) de parte de la industria; no hay diferencias ni grados(!) entre distintas producciones-difusiones-consumos, más allá del pesar o del placer (real) de un Steve Albini.

Es cierto que Sonic Youth empezó como un grupo “underground” de “no wave” y “post punk” a principios de los 80; en medio de la red independiente que empezaba a construirse del “hardcore” al “grunge”, de Minor Threat a Melvins y de SST a Sub Pop; y es cierto que para los años 90 era una de las bandas (junto a Nirvana) que firmaban con la gran disquera Geffen Records, para ser algo así como la ‘música independiente de MTV’ (borroso verdaderamente) por todo el mundo.

Pero ese cruce no hace más que recalcar cómo el “underground” o el “mainstream” son más (¿o menos...?) que una diferencia ideológica. Sonic Youth creó muchos de los mejores discos que se hicieron en los años 80 que nunca aparecieron en ninguna radio ni televisión ni tienda de discos mayoritaria (mucho menos llegar hasta nosotros en Latinoamérica). Esta época de la banda habla (entre cualquier otra cosa que esté obviando) de los grados que existen entre una hegemonía (una moral o una estética) y su excepción (una moral entre otras, es una moral contradicha); es la vomitada purista del entretenimiento de la industria cultural (es por lo que a la década de los 80 le dijeron “década perdida” por tantos años, ya no). El Daydream Nation de Sonic Youth, uno de los mejores discos de “punk” de la historia; con uno de los mejores trabajos de guitarra en cualquier género de música (completamente bizarros, nuevos, aún comparados con Glenn Branca); pasó prácticamente(!) desapercibido dentro de la cultura social, no solo por objetividad, sino por gusto, por pose (por lo demás romántica) de industria cultural única frente a su sociedad.

En ese sentido no sólo las subculturas son ‘anti-sociales’, así como los experimentalismos producen su propia normalización (lo nítido es ruido donde ser nítido sea falta). La época de la banda en Geffen tampoco borró esas nociones: las recalcó más. La música de Sonic Youth desde MTV fue tan escandalosa (1991, the year punk broke) como los “vanguardismos” disputaban espacios hegemónicos (el Gran Salón, MTV) para hacerlos estallar de “vanguardismo”. Sonic Youth se convirtió en uno entre otros símbolos de disidencia musical en estaciones, tiendas y canales de T.V. de los años 90 (una diferencia particular con cualquier proyecto de Albini).

Desde ahí lanzaron una canción de 20 minutos de puro “drone” con feedback en Washing Machine; o se aprovecharon de su éxito para sacar la serie experimental SYR, exponiendo a músicos inéditos (para la industria cultural, no para la cultura de la sociedad) como Merzbow o el jazzista Mats Gustafsson; yo en mi vida la primera vez que conocí algo de “noise”, fue una colaboración de Sonic Youth con Yamatsuka Eye; para mucha otra gente sigue pasando.

Un impacto cultural así está corto de no ser tan ideológico como pragmático. Las grandes cadenas tienen un efecto hegemónico, pero cultural; organizar toda una sub-cultura a lo largo de los Estados Unidos en los 80 (por decir algo) implica una organización masiva contra-cultural; el DIY también es indirecto y Sonic Youth no dejó nunca de esquivar nociones ideológicas, culturales, propias de sujetos que hacen cultura con su circulación capital.

Es la confusión, o la excesiva claridad, de cierto discurso sobre alienación: ¿el stalinismo no probó ser alienante a un ritmo de miles-de-símbolos-marxistas por segundo? ¿Una industria cultural capitalista no es un cultoa la personalidad? El que una industria cultural sea espacio de disputa entre múltiples (no solo dos) tendencias, no lo hace un espacio neutral. Si Sonic Youth rompió con algún credo (incluso ateo, agnóstico o nihilista) de la escena independiente o experimental, lo hizo también contra el credo de una industria cultural (como Nirvana), y no sin su propio paganismo; transformaciones corrientes de movimientos (estéticos): revoluciones.

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