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jueves, 23 de abril de 2015

Mono-

Hace 7 años Malcolm Mclaren, ex-representante de Sex Pistols, (y actualmente un cadáver que se está pudriendo en el mismo cementerio con Marx), dijo que el “8-bit” (música basada en videojuegos de baja fidelidad como Ataris o Gameboys) era algo así como un “nuevo punk”. En uno de los sitios de la comunidad de “8-bit”, micromusic.com, le dijeron que su música no es nueva, que tiene más de 30 años (igual que los videojuegos, claro) y que: “En micromusic nos preocupa menos cómo se ha producido la música, lo que amamos es su estética de baja/alta tecnología” (“lo tech/hi-tech aesthetic”). 

Por eso cuando el “8-bit” apareció, no se usó para nada distinto de la música “popular” que ya se hacía con cualquier otra fuente sonora. Se transformaban los estilos (timbres, texturas, medios de producción), pero no los géneros ni los tipos de las obras. Lo mismo pasó con el “glitch” (música electrónica basada en los sonidos de errores y fallas de tecnologías digitales del mismo nombre), que se usó para el mismo “techno” (“ambient” o no, también “minimal”) que ya se hacía de por sí en su época.

No es un asunto de lo nuevo cronológicamente: Yasunao Tone hacía un “glitch” no solo mucho más experimental, sino muchos años antes que Pan Sonic, Autechre o hasta Oval, pero los últimos se acomodaron mejor a las convenciones del “techno” de sus días; Yasunao Tone y su música (como cuando se dice “su música” sin estar hablando solo de la música de ese autor) sigue siendo prácticamente desconocida, no para artistas o consumidores, sino para el mayoreo del arte; no por nada el experimentalismo neoyorquino de la última década ha ido de la mano de tribalismos (Animal Collective, High Places, Raccoo-oo-oon), básicamente porque, más allá de géneros, cualquier ruptura con lo melódico, lo armónico y lo tonal (sea “jazz”, sea “serialismo”) gravita por lo pre-melódico, lo pre-armónico y lo pre-tonal (hasta en el cine: los primeros encuadres de los Lumiére son modernos en comparación con el más reciente Nacimiento de una Nación de Griffith). 

El “glitch” o el “8-bit” (o las apariciones desde el “drum and bass” al “breakcore”) forman parte de un largo desgarramiento de la música electrónica; un desorden progresivo de convenciones, no solo una progresión. Cada ruptura, con los grados que van del estilo a la estética, o entre las diferentes estéticas entre sí, descaran el ‘arte por el arte’ que es casualmente imperativo para toda ortodoxia (incluso que se va instaurando como ‘nueva’...), y reflejan así las relaciones asimétricas de la circulación cultural. Una constricción ni de géneros ni de tiempo, sino de la relación con la que la sociedad moldea la contraposición de lo feo de unos con lo feo de otros (lo que es igual a decir lo bonito de unos y de otros); es como la ‘funcionalidad’ donde nada lo interno de las obras y sus adjetivos...

El futurista Russollo hablaba del placer que todavía encuentran las personas en escuchar los ruidos de los ríos o del viento. Por eso es tan curiosa la separación que hacen en micromusic entre producción sonora y sonoridad. Las técnicas de producción de la “música concreta” bien podrían haberse usado para hacer “techno” o “house”, solo se necesitaba que Stockhausen programara ciclos en lugar de discontinuidades, y ya. El que la técnica fuera rudimentaria no le determinaba a Stockhausen la subjetividad de uno u otro contenido, pero al parecer los músicos “concretos” estaban hasta más hastiados que Schoenberg.

Brecht criticaba el “evolucionismo” de Lukács que invocaba el fantasma de la revolución clásica, desdeñando como decadentes todo los grados de trágicos derrumbes dentro y en contra de la industria cultural. Para Brecht no se podía ni romper con la realidad(!) sin enfrentar su situación actual, ni tampoco siguiendo un canon. ¿Cómo hacer otro arte -si eso es lo que se desea, claro- siguiendo parámetros clásicos? ¿Cómo diablos hacer de las vanguardias decadencias, cuando a pesar de su absorción dentro de la industria cultural (talvez precisamente gracias a eso), siguen desnudando, de una u otra forma, la resignación misma de la cultura al capital?

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