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jueves, 23 de abril de 2015

Alta infidelidad

El aburrimiento es un exceso sin consentimiento. Cuando sí se consiente es moda, y se crea una resistencia que pide más de lo mismo, o no puede más. En estos momentos una de tantas modas musicales es el uso de producción barata y de baja calidad (“lo-fi”, “low fidelity” o “baja fidelidad”). Y aunque no cuesta encontrar quien hable o escriba de lo que ahora llaman “no-fi” o “shitgaze”, a partir de ahí podríamos acercarnos a una gran variedad de usos que no se limitan a ‘canciones con estática de fondo’. 

Es cierto que mucho del uso de baja calidad en estos momentos es muy parecido al “shoegaze” ochentero de Jesus & Mary Chain o My Bloody Valentine: canciones genéricas tipo Beach Boys o Lou Reed, cargadas con saturación de estática, feedback o ruido típico de grabación casera. Pero no es como el lo-fi de Guided By Voices o Sebadoh, donde la estática todavía deja oír cómodamente los arpegios y otros arreglos. En lo que se conoce como “no-fi”, la estática y la saturación es suficientemente fuerte como para que se pierda algo de las canciones mismas, sin dejar de ser realmente canciones de “garage”, “surf ”, “punk”, etc. 

Una segunda aproximación de este lo-fi es hacer no solo canciones con ruido encima, sino pasarse de la producción de “baja fidelidad” a una composición y una interpretación completamente infieles. Una música que más allá de la producción o la técnica, rompe también el contenido general de la música. Ahí el ruido ya no es adorno para canciones “garage” o “punk”, sino que se vuelve lo primordial, y lo que haya de “canción” en el sentido tradicional, es más bien lo que sirve de adorno para el ruido. 

El primer uso es el que más se ha masificado y popularizado. No suena a The White Stripes cuando graba su blues y “garage” usando four tracks viejos. El ruido de bandas como Ty Segall, Eat Skull, Fag Cop o Blank Time es bastante más fuerte, prácticamente “hardcore”, y eso los pone más cerca de viejos grupos de “garage” lo-fi como The Gun Club o The Gories. 

Otras bandas (talvez las más populares), de una u otra manera, usan las dos formas. Por ejemplo, el Weirdo Rippers de No Age tenía momentos de “ambient” o “drone”, y cuando sí habían “canciones”, sonaban a The Ramones bajo el agua; el Magic Flowers Drowned de Psychedelic Horseshit, cuando no parece que le hubieran quebrado las manos al guitarrista, ni siquiera parece que estén usando guitarras del todo; hasta Wavves lo hace una que otra vez en medio de sus canciones Beach Boys. 

Y otras bandas sí se han centrado en invertir al máximo la relación lo-fi entre ruido y canción (y por supuesto, recibiendo menos difusión en el intento). The Hospitals, Totally Dad, Barrabarracuda o Great Feelings, entre otras, utilizan fantasmas de “garage” para que ronden por sus piezas (de hecho, Eat Skull está formado por ex-miembros de The Hospitals), aunque también la agarran con el funk. 

Se podría decir que estas últimas bandas se imbrican con el “noise rock”, y se diferencian de lo más volcado al jazz (Lightning Bolt, Talibam!, Black Pus o el trabajo de Zack Hill); específicamente, la sección rítmica (y en especial la batería) no es múltiple como el free jazz, sino que usa ritmos básicos y minimalistas de “rock and roll” para acompañar las aberraciones. 

Por último, la disquera Sacred Bones está lanzando otras posibilidades de la baja fidelidad que no sean solo “rock”. Este año sacaron producciones de Zola Jesus y Timmy’s Organism, ejemplos de lo-fi electrónico y soul. El primero utiliza sintetizadores y el segundo, además de sonar como a un Tom Waits no tan oscuro pero igual de borracho, también incluye una fuerte dosis de perillas además de cuerdas. 

Ignoro hasta qué punto la baja fidelidad es una decisión o simplemente una circunstancia obligada para estos grupos. Es una pregunta que siempre salía a relucir con los mismos Guided By Voices o Sebadoh, etc, y realmente no me podría importar menos. Primero, porque ellos no solo decidieron hacerlo sino además difundirlo en ese estado (y eso también es una elección estética), y segundo, que alguna audiencia ha elegido (también estéticamente...) escuchar cualquiera de todas estas variantes, y lo han hecho en esta década talvez más que nunca.

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