El otro día pensaba en lo difícil que debe ser vivir y hacer música en Estados Unidos. Si bien los Republicanos metieron la pata eligiendo a una persona con un nivel de atraso tan grande como Sarah Palin, pensé también en lo terriblemente retrógrado que es que les sonara razonable hacerlo. Algo así como cuando a principios de esta década en Estados Unidos se hablaba públicamente de la tortura, y si bien había muchas posiciones en contra, ¿qué había que discutir al respecto de la tortura? Si había gente en contra de manera pública, ¿quién estaba a favor?
Y hace poco me encontré a un grupo que musical y líricamente no podría representar mejor la retorcida situación. Se llama Psychedelic Horseshit, y forma parte de un nuevo movimiento musical junto a grupos como No Age, Times New Viking e Eat Skull. Como ellos, se caracterizan por una distorsión fuertemente ruidosa con producción de baja calidad (lo-fi). A diferencia de ellos, usan un órgano y guitarras particularmente a-rítmicas que suenan a falsos comienzos. Ya en esta columna había hablado de cómo estos grupos representaban una especie de regreso del shoegaze, un género de finales de los 80’s protagonizado por Jesus & Mary Chain, My Bloody Valentine o Ride. Al parecer a alguien más le pareció igual y les han llamado shitgaze, por un lado con relación al shoegaze y por el otro a la calidad de la producción (yo además de esas bandas incluía a Blood on the Wall, Part Chimp y Serena Maneesh).
Ya el otro día había escrito aquí mismo sobre músicos que empezaban a decir cosas acerca de política (Foot Village, Brian Chippendale y Matthew Herbert), pero siempre con la contradicción de no tener muchas esperanzas de ningún tipo al final de cuentas. En Estados Unidos, a diferencia de Latinoamérica, hay un gran recelo por lo que es la “música de protesta” o música con contenido político. La mayoría lo siente como un sermón, y precisamente estos músicos que optan por ese enfoque, lo hacen de manera tímida o contradictoria por el estigma de demagogia e hipocresía (excepto Tom Waits, a él no le importa lo que nadie piense). Psychodelic Horseshit se encuentra como en esa misma disyuntiva, y se encuentra igualmente radicalizado en los dos grados opuestos.
Una de las canciones se llama “New Wave Hippies”, que se trata de una crítica a los hipsters con blogs incorporados que han rodeado al rock independiente en esta década. Parte de la letra dice: “Hablan con los ojos cerrados / Nunca en problemas / Es como una nueva enfermedad / Los hippies new wave no protestan / Lo hacen desde pequeñas pantallas”. Asimismo hay un cover de la famosa canción de Beach Boys, “Good Vibrations”, pero con el nombre de “Bad Vibrations” (con sus respectivas alegorías al abuso y a los amigos que no hablan mucho).
La música en sí está influenciada por el garage rock o el hard rock de los 60’s, pero la producción lo-fi lo hace sonar como si Robert Johnson hubiera usado distorsión. Es un tipo de retro que no suena tan gastado como el retro de siempre, precisamente por irse todavía más atrás, a formas más primitivas. Me recuerda a A Wolf in a Sheep’s Clothing de Josephine Foster y el nuevo disco de Castanets, City of Refuge, que también usan una grabación rudimentaria para hacer sus canciones folk que (más allá de eso) no tienen nada fuera de lo radio-comercialmente normal (excepto talvez con Foster, que usa folk alemán del siglo XIX).
Pero todos ellos, además de composiciones habituales, que rompen solo en cuanto a estilos de producción, producen también piezas abiertamente salidas de los parámetros, tanto en producción como en composición y estructura musical, dejando botado, en el caso de Psychedelic Horseshit, cualquier reminiscencia a garage, hard rock, blues o inclusive métrica. Da a entender mucho sobre las cosas a las que están expuestos estos artistas y que de alguna u otra manera influyen en sus decisiones estéticas. Señalan toda una maraña de irrupciones radicales y desestabilizadoras alrededor de distintas escenas de la música (estas bandas son casi todas de Ohio), pero que a diferencia del rock netamente experimental, se aferran todavía a lo antiguo. El sabor general es de discos donde terminan mezclándose materiales ultra-anticuados y ultra-futuristas, toda una desestabilización sonora que, más importante aún, es una expresión de aquella que es social.
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